TOSTADAS DE QUESO CON RUDA
Esto no es para quedarse, es para limpiar.
Cuando una anda cargada por dentro, con el cuerpo pesado de cosas que no son suyas, la ruda ayuda a barrer. No consuela. Despeja. Es una herramienta de magia popular que no pide permiso para actuar sobre la pesadez del cuerpo.
Esto ya se hacía en tiempos antiguos. En el mundo romano, el pan tostado con queso era comida común, y la ruda se usaba como hierba digestiva y de limpieza, siempre en poca cantidad. No era planta de diario ni de gusto, sino de uso puntual cuando el cuerpo lo pedía. Yo mantengo ese criterio.
El Macho y la Hembra
Aquí conviene saber una cosa. La ruda tiene macho y hembra. La hembra es más suave; el macho es más fuerte y más seco. Para comer, siempre la hembra, y aun así poca. La ruda macho se guarda para otros usos y no se mete alegremente en el cuerpo. Es una distinción técnica necesaria, similar a la que hacemos al separar los espíritus que engañan de los que realmente nutren.
Tuesto el pan bien seco. Aceite, poco. Queso curado, del fuerte. La ruda va muy poca, picada fina, solo para que haga su trabajo. Se pone con el pan aún caliente y se come templado.
La ruda limpia el vientre y corta lo que sobra. Pero no es hierba para jugar. Al igual que sucede con la sopa de malvas, cada ingrediente responde a una memoria y a una función que el cuerpo reconoce inmediatamente.
Antes del primer bocado, yo digo bajito:
“Lo que no es mío, fuera.”
Se come sin hablar mucho. Y ya.
❗ Advertencia: Las mujeres preñadas no deben tomar ruda, ni macho ni hembra, ni en comida ni en infusión. Y nadie debería tomarla a diario. Aquí manda la medida y el momento.