EL NABO ANTES DE LA CALABAZA
Especial Halloween: El verdadero rostro de Jack O’Lantern
Mucho antes de que las calles se llenaran de calabazas sonrientes, en Irlanda y Escocia la linterna de Halloween era otra cosa: un nabo tallado con ojos vacíos y boca torcida, iluminado desde dentro por una vela. La imagen era grotesca, más próxima a un cráneo descompuesto que a la iconografía festiva que conocemos hoy.
Estos “nabos-linterna” se colocaban en ventanas y caminos para ahuyentar a los espíritus errantes durante la noche de Samhain, cuando las almas vagaban entre los vivos. El mito de Jack O’Lantern —el hombre condenado a errar con una brasa del infierno dentro de un nabo— dio nombre a la tradición.
Con la emigración irlandesa a América en el siglo XIX, el nabo fue sustituido por la calabaza, más abundante, más grande y mucho más fácil de vaciar. La sonrisa de la calabaza no es, en realidad, una sonrisa: es la caricatura luminosa de una calavera.
🔮 El cráneo como linterna
Los celtas tenían una relación sagrada con la cabeza humana. La arqueología ha mostrado altares donde se exhibían cráneos cortados como símbolos de poder y guardianes de portales. Ian Armit señala que la cabeza fue considerada “contenedora del alma y depositaria del poder”.
En ese marco simbólico, la linterna de nabo —y después la de calabaza— puede leerse como un cráneo ritual simbólico, una cabeza hueca que contenía fuego para custodiar los umbrales. Esta conexión con la memoria material es la que exploramos en el lenguaje secreto de los huesos, donde el resto físico se vuelve canal de comunicación.
James G. Frazer, en La rama dorada, relacionó Halloween con las fiestas de fuego célticas, subrayando cómo las luces en calabazas o nabos encendidos formaban parte de la costumbre de guiar o proteger a las almas errantes. Colocar esta luz es una forma activa de el arte de cruzar umbrales, marcando un límite seguro entre los mundos.
🌑 De lo grotesco a lo festivo
El paso del nabo-cabeza al pumpkin americano dulcificó el símbolo: del horror de la mueca de los muertos se pasó a una sonrisa naranja que cabía en las fiestas infantiles. Pero el núcleo no ha cambiado: lo que arde dentro de la calabaza es aún la brasa de los muertos.
Por eso, en Arcane Domus no miramos a la calabaza como decoración, sino como lo que siempre fue: un cráneo encendido, un espejo de fuego que se coloca en el umbral para que los vivos recuerden que no están solos.
Referencias
- 🎃 Frazer, James G. The Golden Bough. London: Macmillan, 1922.
- 🎃 Rogers, Nicholas. Halloween: From Pagan Ritual to Party Night. Oxford, 2002.
- 🎃 Danaher, Kevin. The Year in Ireland: A Calendar. Dublin: Mercier Press, 1972.
- 🎃 Armit, Ian. Celtic Heads and Cults. Stroud: Tempus Publishing, 2012.
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